El poder de la mujer en la lactancia materna 2

Working girls

Nos queda mucho por reflexionar acerca de la reconciliación del régimen “nocturno” del maternar y la caverna de las ancestras, y el régimen “diurno” de la amazona luchadora por su lugar en el mundo y la cultura. Sin embargo, algunas propuestas legales y laborales están trabajándose en ese sentido, por lo que se necesita la convicción y voluntad de nosotras mismas para alcanzar un cambio que puede ser tan verdaderamente revolucionario como el estallido del feminismo mismo durante el siglo XX.

Pero esto no es tan fácil luego de años, de décadas, de repetición de mensajes degradantes de la lactancia y la maternidad, en un entorno de fracaso del sistema de salud pública, donde sobresalen la caída de los capitales, los embates de las epidemias y las hambrunas, y, desde luego, la impotencia de las farmacéuticas para simular un producto de la calidad de la leche materna. En este entorno, la solicitud de las multilaterales no deja de crear suspicacias.

No es nada fácil desaprender y reaprender. Luego de la instauración de pobres leyes de protección a la maternidad y a la trabajadora, ignorantes de las verdaderas circunstancias de género, luego de un proceso de instauración y aprendizaje de la desconfianza en sus propios cuerpos y falsos mensajes de superación femenina (“la lactancia te esclaviza y te desgasta”), se nos pide que volvamos a la caverna y maternemos nuevamente sin elaborar y superar el conflicto anterior, el malestar cultural, que luchemos contra el desastre económico y epidemiológico colocando en medio -de nuevo- nuestros cuerpos.

Sin embargo, nuestra generación y las que vienen, tienen una oportunidad de edificar sobre lo que parecieran ruinas. En lugar de quejarnos y conformarnos con lo que tenemos, estamos en el umbral de la renovación y rescate de lo femenino, sin lo cual no puede haber revolución de ningún tipo. No podemos cargar un grillete de patriarcado, maldiciendo internamente nuestros ovarios porque el embarazo no nos permitirá la igualdad.

Simplemente, nuestros ovarios dictan un camino, que si bien no es destino, cuando se toma debe hacerse bajo decisiones sólidas y como parte del proyecto de vida, de construcción de la paz y de combate al machismo, no como handicap, que es lo que la más reciente aculturación de las mujeres parece haber asumido bajo las presiones ya descritas, sino como convicción de que nuestro poder reside en nuestros cuerpos y en la decisión que hagamos sobre ellos, responsablemente, teniendo en cuenta al otro(a).

Esta premisa encuentra su límite cuando la decisión es no amamantar. No amamantemos, pero no digamos que es porque nuestro seno es incapaz de hacerlo, aceptemos, con toda la rigurosidad del momento, que es porque no hemos recuperado nuestro poder interior, el poder humano que hace que la vida de las mujeres brille de nuevas maneras. Vivamos con eso, trabajando por revertirlo: amamantar no es fácil, como tampoco lo es llegar a la presidencia de una empresa o ser docente titular de la Universidad, pero vale lo mismo.

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